La boda del año

La boda del año

 

Miraba los portaligas y me explicaba que desde hacía un mes había hecho un pedido del mismo juego y aún no estaba listo. La delicadeza de los bordados, la trusa ligera e igualmente bordada hacían juego con ella.

Nunca usé portaligas- había pensado. Ni siquiera las conocía. No gustaba de esos lujos. Pasado el tiempo llegó a notar que se había fijado poco en ella, en su cuerpo, en sus necesidades, en lo hermosa que era. Nunca habría podido usar portaligas, porque entre sus hermanas no tocaban el tema de la ropa interior, era un tema ajeno entre ellas. Además, fue un mediodía que eligió el vestido, el diseño y jamás pensó en lo que debía usar  debajo.

Habló del vestido, de las horas que pasaba revisando modelos, ojeando revistas. Tenía tres propuestas de tres diseñadores distintos. Ella se inclinaba con pasión por uno de ellos. Tenía las fotos de los más exclusivos diseños que habían usado las últimas novias limeñas. Tenía la idea de la ceremonia, del marco que la debía rodear. Tenía el presupuesto para todos los deseos y los deseos realizados.

-El vestido me lo hizo mi hermana mayor. Era un raso perla. A mí me impresionó la habilidad de convertir el trozo de tela en el de una princesa- recordó luego que las pruebas fueron largas y que el busto necesitó de un corsé. El día que probaron la parte del busto conoció una de esas piezas porque ya la habían colocado en el forro del vestido y no hicieron comentario ni ella ni su hermana. -Solo – dijo, – noté que mi busto era pequeño, que necesitaba esa ‘ayudita’ y entonces solté una tímida risa por el detalle descubierto-.

La cita con el último diseñador fue estremecedora. El ritual que planteaba a las novias cuando lo citaban por primera vez la había fascinado. La conquistó en pocos minutos. El estudio quedaba frente a un típico café miraflorino. La primera reunión fue ahí. Entre un café y una limonada frozen comenzó la plática de la infancia, de la adolescencia, de su primer matrimonio (ya superado), del novio (de su estatura, su voz y sus ojos). Era un modisto encantador y delicado… esperaba los silencios que ella dejaba pasar para hacerla sonreír. Él se fijaba en su piel, en el color de sus ojos y en su pelo. Él pensaba en las posibles telas, en las combinaciones posibles para tan bello rostro. Ella pensaba en la hora, el día, las flores.

-La ceremonia fue simple- comentó. Ella era en extremo simple. Una pareja de amigos cantaría para los dos. Cantarían para ella. El sacerdote, un viejo confesor, un viejo amigo suyo tuvo la osadía de recomendarle a él que la trate como se trataba la piel del revés de las manos. – Ella es así, como de este lado de tus manos, suave, frágil, cálida, tienes que tratarla así- le repitió. – Bajé del auto con mi papá y sentí el abrazo que se dieron mi padrino talareño y él . Sentí Talara en mis huesos y la fuerza de ese viento en mis oídos- . La imagen de los dos entrando a esa capilla estuvo llena de ternura…había escogido el lugar por el vitral que recién habían colocado detrás del altar…era de Winternitz…ella contó que ese señor pasaba horas mirando una rosa en el jardín de la universidad y que le fascinaba observarlo a la distancia.

Conocía a muchos sacerdotes. Había pasado la infancia y adolescencia cerca de sacerdotes y religiosas. Aunque no era segura la ceremonia en la iglesia confiaba en las esperanzas que le habían dado para que se realice. Si no sucedía, estaba la casona que los iba a recibir. De corte clásico, con arcos en el inmenso jardín, exigía una novia espléndida de pies a cabeza.

No había planes para una gran recepción. Años después lamentaría no haber aceptado una celebración mayor. Se casó con la modestia de siempre. -No quería nada grande. Nuestra historia era breve y estaba llena de contratiempos. Ya no era virgen y los ojos de mi madre no se cansaban de recordármelo- musitó.

La lista de invitados podía llegar a 300. No era un número exorbitante. Podía manejarse. Fue difícil no olvidarse de alguien. Querían a muchas personas allí y a otras no las querían de ninguna manera. La música era un detalle de los más importantes. Un día  me había dicho que el rango de edades que le interesaban estaba entre los 28 y 36 años y que la música se acomodaría a esos tiempos. El bufet ya estaba previsto. Solo se habían preocupado de tener suficiente vigilancia, contratar dos playas de estacionamiento y tener un equipo de rescate VIP en la puerta y en algunos sectores de la casa.

-Un amigo nos llevó hasta el Hotel El Pueblo. No teníamos auto y demoraríamos cerca de cinco años hasta comprar uno-. La llegada al lugar de la luna de miel estuvo llena de tropiezos. Se equivocaron de habitación hasta que luego de tres cambios los ubicaron en la que tenía una vista envidiable. Los días que siguieron fueron cálidos aunque insoportables para él. No toleraba el silencio, la discreción y la tranquilidad del lugar.-Parece una clínica de reposo- le dijo. Debían quedarse cinco días pero al tercero ya quería irse y la convenció fácilmente. -Regresamos a Lima con la consigna de no avisar a nadie, no debían enterarse, el silencio otra vez lo cubrió todo- agregó.

El viaje después de la boda estaba planeado para las Islas griegas. Harían un crucero y luego viajarían a México donde él haría una maestría y ella buscaría en qué ocupar el tiempo por cerca de año y medio. Estaba todo al mínimo detalle. Casi despierto cuando me dijo ese día: -¡Llegaron los portaligas!, ¿me acompañas? No sabes lo feliz que estoy-. Yo lo noté. Noté que el modelo que le habían guardado iba de acuerdo con ella, que no había podido planear mejor esa boda, que con gusto la vería brillar esa noche, que no veía las horas de que ocurriera y me inundara de su felicidad esta vez para siempre.

 ________

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a La boda del año

  1. mimi dijo:

    me gusta, y tu te veías hermosa también,,,,,,,,,,,,,,,,,,y yo luego te extrañé tanto !!!!!! te quiero muchos sis.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s