A veces, los papás

A veces los papás nos demoramos más de lo necesario…a veces…

¿De qué hay que tener vergüenza delante de nuestros hijos? Alguna vez pensé en los desnudos o de cómo vivimos los desnudos y luego me di cuenta de que en realidad cuando aparece el pudor  nos comenzamos a esconder…En un principio bañarse con nuestros pequeños forma parte de aceptarnos con nuestros rollitos y nuestras formas….el cuerpo de la mujer, tantas veces bendito, es genial para cargar al pequeño y que se resbale en la ducha y viva entre lo más fresco y delicioso de la ternura…Después vienen los pudores…cuando crecen los chicos.
Hay un texto que usé hace unos días con mis tutores. “El fenómeno de la adolescencia, decía Constantino Carvalho, es un fenómeno intersubjetivo, sucede entre dos·”. Es decir cuando tu hijo es adolescente, tú también vives la adolescencia y entonces, ya no puedes abrazar al niño que casi es un hombre, ni te puedes recostar al lado de tu hija que casi es una mujer…Es incómodo.

 

Mis niños mayores crecieron rápido. Siento que disfruté, uno a uno, todos sus momentos. He visto cómo se manifestaba el pudor en mi hijo mayor y cómo en mi segunda hija. He disfrutado, sin embargo, de no dejar de abrazarlos, de inmiscuirme en sus cosas, de preguntar, de leer echados en la misma cama, de acurrucar a uno y de sostener en las faldas al otro. Crecí con ellos. Siempre lo he dicho. Además, me hice la mujer más feliz del mundo en ese proceso.

 

Con el último, si bien todo se vive a otra velocidad, el tema de cómo está creciendo es apasionante. Ha desarrollado una afición por el lenguaje que me emociona. Ayer, en el taller de acouturier al que asiste, hizo el siguiente comentario sobre las ‘abejitas’ que creyó escuchar. Dijo: No eso no se come, son como polillas, tienen alitas y vuelan. Y hoy cuando vio a su abuela la abrazó porque sabía que había estado ‘muy lejos, muchos días y que había venido en un avión’…y ya pregunta cómo se llama el día y por eso qué vamos a hacer y cuenta, es decir separa las cantidades hasta cuatro o cinco (a veces).

 

Sin embargo, estaba hablando del pudor y de la incomodidad de no acercarnos físicamente a nuestro hijo o hija porque ya creció. He mantenido conversaciones con más de cien adolescentes en este tiempo que me dedico a la escuela. He sentido cuánto estaban, muchos de ellos, distanciados de sus seres más queridos…y es que nos equivocamos. Nos equivocamos al pensar que cuando crecen ya no nos necesitan o ya están en otra cosa. Les he dicho a los papás de mis alumnos que se mantengan presentes, pero no en obsequios o en dinero, presentes en los afectos, en lo diario, en el cansancio y en el brillo. Los chicos y chicas necesitan contarnos, hablarnos, ser escuchados y si no necesitan saber que son importantes para nosotros, que tienen un lugar insustituible y que añoramos verlos y compartir con ellos.

 

Estos días en los que hemos comenzado el trabajo en la escuela y hemos soportado el calor, me he dado cuenta de lo cariñosos que son mis chicos y chicas. De que, a pesar de sufrir la vuelta a la ‘tarea’ nos han saludado con cariño, han buscado la conversa, han esperado la mirada y el gesto…Es bueno descubrir eso en adolescentes ‘aburridos’ y ‘hartos’ de la vida escolar. Es bueno, porque desviste, hablando de pudor, el real sentido de la misma. Estamos juntos para aprender a vivir con ellos, en un espacio acogedor y amable, ese es nuestro fin.  Por eso espero que los papás de mis alumnos no se demoren en destaparlos, quererlos, espero.

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