Sobre lo incomprensible del amor hacia los hijos

Sobre lo incomprensible del amor hacia los hijos

Decía ‘a mi padre’ y sentí como un escozor en la espalda, una aguja que se clavaba en mi espalda, y hasta un poco de miedo o de celos.

Tenía 20 años cuando me di cuenta que te tendría. No quise interrumpir mi embarazo. Quise tenerte aunque fuera con todo el miedo y la culpa del mundo. Te convertiste en el mayor reto de mi vida. No hubo sueño en el que no estuvieras presente. Tus ojos fueron lo más hermoso que había visto. Tu padre y yo te quisimos con el alma, es cierto también, que trató de ser siempre un buen padre.

Sin embargo, este ‘a mi padre’ ha despertado unos conchitos que existen al fondo de mi cuerpo. Entiendo que el crédito que se gana él es porque tú tienes una parte inmensa de su ser, porque tienes lo bueno que yo sabía que él tenía. Eres un hombre que ama la música, que se aficiona por la precisión del sonido, que ama el lenguaje y su naturaleza, que ama la literatura, por eso lee poesía y la escribe. Eres un hombre honesto y bueno, que sabe cuál es su lugar, que tiene buenos amigos que lo quieren. Eres un hombre que ha aprendido a amar a una mujer, aunque no se resigna a conquistar a otras -en sueños, inclusive-.

 He escrito ’eres un hombre’. Me agrada escucharlo, aunque para mí sigas siendo el niño que corría, cada vez más rápido, y lanzaba contra las paredes sus telas de araña. O eres el muchachito que me anunciaba ‘el hecho más importante de mi vida: me he enamorado’. O eres el abrazo, la calma, la paciencia y la curiosidad que me hace vivir a diario y que me hace reír.

Más allá de la dedicatoria que me ha hecho pensar en todo esto, sabía en el fondo, que un día, iba a pasar. Iba a escuchar cuánto le debes a tu padre y me iba a quedar callada, porque lo respeto. Respeto que tu admiración y amor por él sea impecable.

 Más allá de eso, siempre supe que te irías. Supe que mis hijos estarían solo un tiempo conmigo. Después te tendría que visitar, como a tus hermanos, o llamar, o ir a conocer a mis nietos. Más allá de todo eso que uno sabe y tiene racionalmente aprendido, mi vida, cuando ya no estés cerca, estaré incompleta. Te extrañaré siempre. Pensaré en ti cada mañana, cada mediodía, cada noche, cada garúa de Lima me recordará tu nombre. Pensaré en ti porque es inevitable olvidar, porque no existe el olvido, porque tengo en mi memoria todos tus gestos, todas tus miradas.

Y como sabes o imaginas, quizás mi vejez sea complicada por tantos genes enredados y heredados. Tienes que recordar que no quiero sufrir y que si puedes, ayudes a que me vaya en paz, con todos mis sueños resueltos.

Y como también sabes, esto lo escribo porque te amo.

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Una respuesta a Sobre lo incomprensible del amor hacia los hijos

  1. mimi dijo:

    con lágrimas en mis ojos…me encantó, lo viví, lo sentí…..porque también fue un poquito mío, no? te amo chi.

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