Mantener la estructura

Fue hace mucho tiempo y las razones fueron otras, muy tristes. Igual tuve que mantener la estructura porque tenía una niña pequeña, que apenas bordeaba los 5 años. La idea fue tener un espacio, algo parecido a lo que habíamos tenido en la casa anterior. Un lugar que simulara un espacio conocido y que le diera tranquilidad y ‘calma’. La casa paterna, fue entonces, el lugar ideal.

Funcionó bastante bien. La rutina de los días de semana se preservó. Desayunaba arriba, tomaba yogurt o jugo de naranja, comía algún pan a veces. Su hermano se servía cereal y tomaba jugo de papaya. Lo cierto es que se alistaba, se vestía y pasaba la movilidad por ella. Tiempo después yo la empecé a llevar al colegio. Poco tiempo fue el que mantuvimos la estrategia. Se vio ubicada e instalada provisionalmente en cuatro años más o menos. El sueño de tener la ‘casita’ nos hacía emocionar, lo que tendría en su habitación, sus fotos, sus cuadros.

Ahora vuelve a aparecer la misma historia. Mi niño pequeño comenzará la escuela. Sus hermanos se irán provisionalmente a otro lugar. El mayor a una habitación solo, como quien prueba la adultez. La segunda, acompañará a su prima, casi hermana, el año y cuatro meses que demore, esta vez, una construcción. Nosotros tres, papá, mamá y Giacomo iremos al departamento de la tía y abuela, a quienes él adora. Igual debemos esforzarnos por mantener las rutinas y las costumbres.

Nos mudaremos dos semanas después de que inicie el colegio. Mi pequeño comenzará lo que serán 12 años de vida escolar. La idea es que después de que funde el vínculo, ame a su tutora o tutor y sepa que cada día tendrá un espacio en un grupo, empezaremos la mudanza. Así será. Despertaremos tempranito y nos iremos juntos, él y yo a ‘trabajar’ en lo del ‘nuevo cole’.

Todo sin dudas es emocionante y todo, también sin dudarlo, me costará demasiado. Los hermanos tendrán que ubicar, en sus complicados horarios, un día, o un sábado o un domingo para vernos, para estar con él. No sé lo que será que mi pequeño pregunte por ellos. Cuando han dejado la casa por un fin de semana o por una o dos semanas de viaje, establecía la ‘rutina’ de abrir la puerta del que faltara y de preguntarme cuánto falta mami.

De eso se trata la estructura. De tener fuertes los cariños y bien cimentados. De contarnos en secreto los sueños y no dejar de decirnos las ansias y temores. La familia no se construye de un momento a otro. Cuesta trabajo forjarla, llenar los moldes de adobe o usar un cemento más enriquecido. Contar con palotes de fierro o con los ventanales más hermosos para mirar lo otro, lo de los demás y querer abrigarse, de vez en cuando en lo conocido, en lo que nos dio la forma y el sentido. Después, tendremos que acomodarnos de nuevo…y el cuerpo es perfecto para eso, para amoldarse, para ubicarse donde mejor estemos.

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