Cuando ya no estés conmigo (estos meses)

No sabré si me queda bien esa falda o si esos zapatos son los que se usan. Caminaré jorobada y no te diré que levantes la cabeza, que saques el pecho, que te pares derecha. Tampoco podré saber si el jugo de la mañana, el aburrido jugo de papaya lo podemos cambiar por el de naranja. Y más, tu hermanito, me preguntará que será de la princesa o de la gata con la que se pelea a diario.

Y es que yo les he asegurado a mis hermanas que me he preparado… He averiguado lo que significa dejar que el mayor salga de la casa y se organice, y a veces, no sepa cómo durmió o qué comió. Que la hija mayor emprenda rumbo, quizás con algún viaje, quizás unos meses como ahora, y descubra de qué nostalgias se vale y qué quiere recuperar.

Igual, el corazón es una melcocha. No puedo dormir hace semanas. El sábado que volvimos a tomar juntos desayuno, mis ojos se iluminaron con lágrimas de puro contento…y es que los hijos tienen todos los secretos de uno. Saben cuándo se está enojada, o cuándo nos hace bien una palabrita o una compañía o un cariño. Conocen los deseos más sanos, los que hacen bien.

Por ejemplo, tú, eres mi compañera de compras. No hay nadie, a quien me guste acompañar tanto como a ti. No es porque compres mucho, es que siempre sabes qué hace falta y lo tienes apuntado y manejas la memoria que a mí se me va agotando. Más allá de eso, sabes dónde buscar lo que nos gusta, sabes cuál es la tarde perfecta para una siesta y sabes disfrutar una película.

No es por pura nostalgia que escribo. Siempre les he dicho de mi gran compañera, de sus sueños y películas, de sus viajes interminables por los libros, de sus viajes reales por lugares que se le antojan conocer. Vivir sin ella a diario será difícil y tormentoso para mí. No tendré el olor de su pelo y la crema favorita de ambas (cerca). No haré una mueca si se disgusta por algo, no la tendré a diario para discutir de las horas en micro y del calor…no le daré un beso al dormir…se me quedaran en la mente, suaves, dulces.

Escribo porque mi niña no estará conmigo, como no estará su hermano mayor tampoco. Escribo porque mi cuerpo está resistiéndose a asumir cómo crecen y se hacen hermosos y libres mis hijos grandes. Escribo porque confío en el calor de las palabras, esas que siempre usan para mí, esas con las que cada uno me despertó cuando era pequeño o pequeña. Escribo para los que amo, para los que adoro,  para los amigos y para mí.

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