Ustedes dirán que exagero

Giacomo se siente como en casa. El avance o el paso que hoy dio, en el cole, ha sido fantástico. Pidió ir al baño. Para algunos, estoy segura,  eso fue simple, no tuvo complicaciones escolares. Sin embargo,  durante las primeras semanas, esta situación lo rebasaba. Tuvimos  él y nosotros varios dolores de cabeza. No entendíamos qué le costaba decir, qué le incomodaba, qué era tan difícil como ir al baño.

Y es que los niños son tan diferentes. La relación de mi pequeño con el baño y con la situación de ir a sentarse no ha sido de las más cómodas. Ha oscilado en casa entre olvidarse o hacerse el que no se acordó o el que no podía hasta el último minuto dejar de jugar para ir a sentarse. Nos preocupamos mucho y a veces, debo reconocer, obsesivamente, en darle granos, frutos secos, jugo de naranja…todo lo que lo ayude a digerir mejor.

Cada noche hay un ritual instalado. Nos bañamos y antes de entrar a la ducha nos sentamos. Él ha ido aceptando la necesidad y lo inevitable. Colabora muy bien…ahora que ha ocurrido en la escuela debo reconocer que el orgullo de ser su mamá se me chorrea. Me ha ayudado a entender que muchas veces, este lugar, que yo siento hermoso y cálido, en el que lo veo feliz y confiado, también despertó en él viejos temores que ha sabido trabajar hasta que se desvanecieron.

Otro avance estos días ha sido llevar un carrito para jugar con un amigo. Es indiscutible que será para mi pequeño otro reto tener amigos. Le ha costado, le cuesta, su dolor es real, su angustia también. Sin embargo, ahora que dice todo muy bien y manifiesta lo que piensa y cuenta lo que siente…dice frases como ¿por qué estoy tan sensible? o ‘estoy decepcionado’. Construye argumentos sobre qué juegan los niños y qué juegan las niñas. Trata de imponer un orden en todo y luego da cuenta de lo bueno que es negociar.

Es que de eso se trata la escuela. Es ese espacio que uno busca para socializar. Eso es lo que ha ido aprendiendo Giacomo. Será, por su energía y disposición, un aprendizaje largo y concienzudo. Será en este lugar en donde crezca acompañado y querido. Tendrá las manos y pondrá los pies que necesite para dar esos pasos.

Mucho más, ahora que veo a sus tutores de inicial. Es la misma calidez con la que recibieron a Ale. El afecto que uno deja o entrega en esa edad es insustituible. Bien por él, bien por sus hermanos que hoy jugaron con él con los carritos y bien porque esto me da las fuerzas, que ahora necesito para cerrar el día en mi oficina, para buscar el hierro que debe recorrer mi sangre, para luchar mañana por despertar.

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