Será

“Si no vuelves,

no habrá vida,

                                                no sé lo que haré

                                                                                                                             Miguel Bosé, Si tú no vuelves

Resulta que no es tan fácil salir del esquema tradicional y no imaginar una pregunta tan simple, un gesto tan típico y un beso tan dulce. Mis amigas se reirán conmigo cuando se enteren y me dirán ¿qué hiciste?¿cómo fue? Les tendré que contar que fue una sorpresa…que nunca sospeché, que los nervios y el frío de anoche eran reales. Él estaba muy desabrigado y el pretexto de abrazarme era cierto. No tenía casaca, temblaba de frío y carajeaba mucho por eso… de ahí que lo hiciera saltar, bailar, aplaudir todo por reírnos y seguir al buen Bosé…cantante de quinta diría Faverón… para mí es la infancia, la ternura, las canciones que más pronto aprendí de chica, las canciones que me devolvieron una vez más, el amor al lado.

Al final se trata de eso. De pedirme ‘matrimonio’ cuando ya estamos muchos años juntos, cuando ya tenemos un pedacito de vida construido, cuando nos despierta, muy tempranito, un niño los sueños que armamos con las manos. Y es que nos íbamos a casar (tarde o temprano), no queríamos lo mismo de siempre, hasta hoy no sabemos qué forma tendrá la noche ni qué abrigos nos pondremos encima. El hecho es que él lo tenía prometido y lo cumplió.

El hecho es que siempre le costó ser romántico y lo sabe. Es de esos amores que ama inmensamente pero que no cree en algunos ritos…como yo. Para mí era suficiente, el sueño, la risa, la compañía. Para mí, sus locuras, sus gestos lo eran todo. Siempre fue exagerado en su mirada, en su cariño, como a borbotones. Él lo sabe. Anoche me sorprendió la canción, la pregunta de pronto y bueno, la sortija.

De niña me pasaba extensos minutos mirando la sortija de mi mamá. Me gusta, hasta ahora, en su delicada mano. Mis hermanas mayores han tenido siempre alguna sortija que enseñar, alguna ‘piedra’ muy hermosa que lucir. Yo he sido siempre poco cuidadosa con esos detalles…no puedo colgarme una cadenita porque me pica el cuello, las pulseras o sortijas siempre me quedan grandes. Termino solo acordándome de los aretes y esos, muy pocas veces, me faltan.

He tenido dos amigas entrañables, que en dos momentos diferentes, me han regalado una sortija. Una cuando era una chiquilla de dieciséis años… y usé mi arito de plata hasta que en una apendicitis, alguien que la guardó por mí, me la perdió. Otra, por un cumpleaños, cercano a los treinta, me regaló una sortija que tiene, hasta hoy (felizmente) como tres aritos, que me recuerdan a mis tres hijos. Esas son las que más he usado.

Hoy he visto hermosa mi mano izquierda. He pensado en esto de la vanidad todo el día. En que, seguramente, será mi pecado del día, de varias horas, de la semana. No lo sé. Será que, alguien se dio cuenta que sentirse amada, deseada es gratificante…y que estos regalitos, además, de provocar ‘lágrimas’ o hacernos saltar de emoción, nos hacen rebuscar en lo más hondo, en lo más profundo de lo que somos, como re-descubrirnos. Será…

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