La firma del contrato

Después de, varios años pasados, la idea era darnos razones para avanzar juntos. La legalidad de la situación me daba risa. Es más, las lecturas de los artículos, el consejo del representante municipal, nos hacía creer que estábamos frente a una civilidad maravillosa. Una vez antes había firmado el mismo contrato, que es la mejor forma de llamarlo.

Lo que habíamos planeado era la presencia de los tres. Mis dos hijos y nuestro pequeño. Nos hubiera gustado con el sol, en algún paisaje hermoso, con las playas que más queremos, con la arena tibia. Todo eso debía tener un presupuesto diferente. Al final, fue con el frío limeño, una tarde de agosto, en una casa acogedora y dispuesta a recibirnos (con todo lo que ello implicaba).

Firmar el contrato era pensar en las responsabilidades, en la casa que comenzamos a construir hace cinco años, en el barrio que tendremos por los próximos veinte, en los usos y las costumbres de los casados. Nada debe cambiar, aunque mejore la correspondencia.

Debe seguir el apego por el abrazo, por la ternura. Deben seguir nuestras mañanas cafetaleras en las que nos contábamos la semana, en las que me reía de los últimos comentarios de los hijos mayores. No debe cambiar tampoco, el cariño, la nostalgia por la música, las comidas y cocinadas de siempre.

No debe cambiar, que al despertar, tú estés a mi lado y yo al tuyo. Tú, cuidando el minuto para dormir, yo, levantándome al alba para trabajar o para abrazar al menor. No debe cambiar que yo entienda lo que estás pensando, que tú sepas lo que me ha provocado a esa hora. No debe cambiar que sepamos bailarlo todo-no importa ahí el talento-importan las ganas. Tampoco debe cambiar el color de mis mejillas y tu risa contagiosa.

No es que quiera que el tiempo se suspenda y así quedemos para siempre. Es que sé que con todo y arrugas seguiré apostada por los sueños que conocí contigo o de pie en algún rincón, reconociendo lo último de música que me enseñaste. Y es que el amor es para eso: para darnos razones, para hacernos creer en los sueños, para fortalecernos en este enorme valle de edificios. Así, en medio de Lima, y sin saber si saldremos de viaje otra vez, nos hace brillar entre los otros y sentir que esto vale la pena.

Entonces los contratos y los términos legales tenían una razón para darse. Así, habrá que explicarle al pequeño Giacomo, que nos dio un par de aros para, además de ser superhéroes (como piensa ahora), ser mejores personas, para seguir juntos todo lo que la vida quiera y ojalá quiera mucho más. Habrá que decirle que esto de querer casarse fue para sentirnos mejor, para sabernos juntos con él y con sus hermanos, para firmar una alianza que en términos legales se dice ‘contrato’ y que habla de unos derechos y unos deberes…que de eso se trata, también.

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2 respuestas a La firma del contrato

  1. Juan dijo:

    Lindo Chichi! abrazos grandes y muchas felicidades!!!
    Juan

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