Poema de domingo

No alcanzaron ni mis besos

 

para rodear tu rostro

 

después

 

pasé corriendo por las calles

intuía tus pasos

tus lágrimas

de sabor amargo y melosas

 

no dejé de pensar:

la fiebre de los árboles

las almendras masticadas en el regreso

las hojas pisoteadas con la rabia de algún domingo

 

ni mis besos

ni mis palabras

no alcanzó nada para darte

 

ni un plato de comida

 

ni el desvelo

 

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