Despedidas

Estuvimos en la actuación de fin de año en el salón de Giacomo. Hicieron varias canciones, en orden y contentos. Mi niño llamaba la atención por su ímpetu y por su ‘desorden’ a veces, hasta involuntario. Cantó dos canciones, presentó una parte: ‘Guess what?’ y nos miraba entrañablemente desde cualquier sitio, estirando la manito como quien sabe que lo sostenemos.

Por mi parte, he empezado a despedirme…en cada clase y con cada ‘actividad de cierre’. Me he despedido leyendo, escribiendo y hasta dibujando. Ha tocado estos días lo del ‘chocolateo’ de noveno, que es tener un par de días para ‘armar’ un nuevo salón para los últimos dos años de secundaria. Es increíble cómo a los adolescentes les cuesta el cambio. Se encariñan tanto con sus tutores-con sus compañeros de clase, se sienten como en casa, como en familia, que romper el vínculo y hasta llegar a construir otro, se convierte en una incalculable hazaña. Les he pedido calma, buen ánimo y disposición. Imposible.

Sin embargo confío. Me han dado, durante toda mi vida, tantas lecciones sobre cómo adaptarse, que confío. Tengo la idea de que mis ‘niños’ de noveno sabrán avanzar juntos, se permitirán estar acompañados, pensarán en sus nuevos aprendizajes y sobre todo, se prepararán para dejar la escuela que no es poco.

Especialmente la clase que tengo este año será entrañable. Uno a uno se fue quedando en un rincón de mi corazón. Por ejemplo, no se puede olvidar un  ‘lo siento’-como Nicolás lo diría, o  que ‘hay escritores sobrevalorados’ como Iván o el ‘se podría decir’ del bueno de José Manuel o el ‘abre el google crome en esta clase’ de Mateo. Son inolvidables las respuestas de Luciana, la sonrisa franca de Álvaro, haber visto crecer y brillar a Micaela. Entender los comentarios de Jorge (conversar con él sobre cine). También será difícil dejar de querer a María con sus angustias o a Sebastián C con sus temores por mis exámenes. También serán inolvidables las bromas de Felipe o de Fabio, con su inmenso corazón. Serán, no solo difícil, sino impensable olvidarse de tres: Maria José, Adriana y Dani. No porque no se diferencien, sino porque cada una se hizo más distinta con el paso de los meses. También quedan sensaciones de ternura: la pasión de Arianne frente a su bajo, la emoción de Nicole cuando canta o actúa, los reniegos de Marcelo y su sonrisa con la guitarra, Francisco cuando se molesta, Natalia cuando se emociona por un poema y la suavidad de Andrea para todo, incluso para nadar. Después, quedan los que siempre me me dieron una sonrisa primero y alguna buena conversación después. Adriana C con sus preocupaciones inmensas, Sebastián I con los cuidados y atención frente a los temas y por último, Camila, que trae a los hermanos con ella y que sin duda, la clase no hubiera sido lo que fue, sin ella.

No me gusta despedirme mucho. Menos cuando los sentimientos se entreveran y se ajustan con el paso de los días. Nos vamos a despedir de este año que fue hermoso (por lo difícil también). Mis alumnos darán muchos pasos de aquí en adelante. Giacomo dará el PASO hacia Kinder…y estará más cerca de primaria. Yo empezaré a tomar distancia para el reecuentro que es siempre maravilloso. Como el abrazo con uno de los grandes hace un par de días. El abrazo, los miles de abrazos, el cariño. De eso se trata la vida en la escuela de quererse, de esperar que todo vaya bien, de aprender de cada error y enmendar, de aprender a vivir con otros… de cambios y tolerancias. También de eso.

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