Un niño como el mío

Te dice cómo continúa el cuento y cómo sigue alguna canción. Sabe qué hacer para enamorarte y qué hacer para jugar. Sabe que la ropa que le gusta es la suelta, la que no ajusta su pancita y le da mayor movimiento. Canta, abre al viento una voz que es impecable. Un niño como el mío puede aturdir y hay que calmarlo. Puede enfurecerse de pronto, derrumbar una torre, molestarse consigo mismo y ser su propio volcán.

Es verdad que incomoda y es triste que no hayamos podido hacer algo más por él. Creemos que lo hicimos todo. No era cierto. Nos han querido decir y no nos hemos dado cuenta. Creo que mi mayor pena es esa. No haber podido darme cuenta, no saber cuánto leían los otros en sus gestos o en sus movimientos. Para mí avanza todos los días y sé que será imparable. También sé que en ese recorrido debe aprender a cuidarse, no puede saltarse etapas y su calma será su mayor fortaleza.

Dije hace unos días, que la paz que él encuentre lo llevará por inmensos rumbos. Sigo pensando lo mismo. También sé que el dolor que trato de procesar me curte en el rostro, me golpea. Soy una mamá que muere por sus hijos. Lo he sido siempre. Esa no es la razón para abandonar esta batalla. Sin embargo, me falta la fuerza para pararme y sentirme protegida por mis ideas. Saldrá adelante, estaremos ahí, caminaremos lo que haya que caminar.

Lo que pasa es que cansa, agota y abruma. Qué pasa si… el temor de no estar, de que se quede solo, de que algo nos pase a uno de los dos o que sus hermanos ya no estén cerca (como puede pasar ahora). O no sé, esto que puede ser nombrado como un desorden, no se aquiete sino más bien aumente. Todos los demonios que uno puede tener son innumerables. Los demonios, los miedos, las penas de no haber hecho lo correcto o de no saber qué es lo correcto ya.

¿Qué me calma? Su risa, su afecto, su baile, su contacto con la arena y con el mar, su música, sus historias, el juego con sus animalitos, con sus libros de animales. Me calma, el sueño. Un niño como el mío duerme bien y ese será para mí siempre un gran síntoma. Verlo dormir y retozar. Verlo abrazado a su oruguita (hasta que quiera). Verlo ya es suficiente. Sé que además, lo que me calma, son las veces que intenta ayudar solo, que intenta regularse, que tiene todo entendido y hace lo necesario, que habla bajito y susurra. Eso me calma. Lo demás está por verse, lo demás solo lo espero… desde siempre.

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