Después del día de la madre

Creo que uno nunca llega a conocer a su madre. En los últimos años mi madre se nos ha descubierto como un ser muy firme, muy claro en sus recuerdos y nos hemos enfurecido cuando nuestros recuerdos no han sido los mismos. Hay que pensar que mejor es contar cómo fue que pasó, cómo vieron sus ojos los hechos, cómo se han grabado en su corazón. Que discrepemos sobre lo que ella dice que pasó o no, no importa. Es agradable escucharla relatar, es agradable comentar con ella una lectura, es lindo verla rehacer “geniogramas” o cruces de palabras… es gratificante cómo se esfuerza por ayudar a uno de sus nietos a hacer una tarea, es emocionante que juegue con los más pequeños como una niña todavía, que sepa qué les gusta, que los entienda en su lenguaje.
El otro día pensé: No hemos llegado a medir como mi madre. Exactamente, eso quería decir. Ella está en una dimensión que es ininteligible para nosotros, sus hijos. Me he dicho más de una vez que quiero llegar a su edad como ella ha llegado… que quiero ser miembro de un CAM (centro del adulto mayor), que quiero hacer paseítos o viajes como los está haciendo, que quiero leer hasta que muera, que quiero estar con mis hijos todo lo que me permitan…alguno permitirá más, otro menos.
El otro día también dije que a veces su memoria falla. ¿Cuál debe ser nuestra labor en estos años? ¿Decirle que se equivoca o recrear con ella lo que pretende recordar? Creo que lo segundo. Es más me esfuerzo por saber de lo que ahora se acuerda más, de cuando ella era chica, de su provincia adorada, de Cajamarca y sus verde. Es más, en estos días ella está preparando un viaje para esa zona. Irá acompañada de un par de nietas y de una de mis hermanas. Hubiera querido poder estar ahí, acompañar sus memorias y lo que encuentre en esos días. Sé que estará bien acompañada, sé que la pasará bien. Ella sabe cómo hacerlo.
Para las demás, las que somos mamás como ella, debe quedar la lección de lo que hizo siempre bien. De sus ganas por mantenerse saludable, por calcular cada cosa que come y por cuidarse. Deben quedar sus lecciones de buen comportamiento. Sé que he sido de las más traviesas en casa, sé que mi vida, toda junta, es una historia casi increíble y llena de sorpresas. Sé también que he olvidado que alguna vez sentí dolor o juzgué sus palabras sin un sentido claro. Igual, en este tiempo en el que he reconstruido vínculos y me he reconfortado con amigos, en este tiempo en el que escribo (y le dedico noches o días) sé que de sus primeras enseñanzas estuvieron ligadas con la palabra. Sé que me enseñó a leer y entonces, no solo le debo la vida sino la magia, el sueño, el deseo, todo. Gracias mamá.

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