Última mudanza

Algo tiene esta noche helada, nos sentamos a leer cuentos, a descansar y a tratar de sentir que los huesos están donde deben estar. Uno no entiende, sino hasta que sucede, lo de sentirse con el cuerpo en su sitio. Hoy, además, volví a sentir mi apego por quedarme con los hijos pegados al cuerpo. Hoy no supe cómo despedirme sin sentir que el corazón se me alborotaba y que tenía que entender, una vez más, que esta es una sola vida, que lo que mis hijos hacen está bien y que mi manera de acompañarlos será, por siempre, estar dispuesta al abrazo, al cariño, al café o al té vespertino.

Algo tiene el frío, las paredes de esta casa nueva, la cocina que me recuerda el hogar de mi madre. Algo tiene y no logro descifrar si es la quietud, el estarnos juntos casi dos días, el pensar dónde guardar los platos y las ollas, dónde fijar las fotos, dónde quedarse para que nada pase, para que el más pequeñito se acostumbre, y sienta su nueva habitación azul como suya, como el mar de sueño que lo envuelve.

Algo tiene la noche y el frío. Siempre lo he dicho. Para mí, es la mejor estación de Lima. Desde aquí, la neblina no deja ver el final del cerro, no deja ver el otro lado de la ciudad y todo lo envuelve en una bruma húmeda y gris. Sé de algunos que sentirían una tristeza profunda. No sé por qué, para mí, siempre ha sido signo de salir y caminar, sentir que las chispas de agua te rozan la piel, sentir que la garúa puede mojar los filos del pantalón y oler todo de nuevo: las flores, el barro, los árboles. Así es el frío limeño. Intenso en su tamaño, algo impertinente en su forma, terco.

Hoy que por fin el piso de lo cocina quedó limpio, hoy que por fin cocinamos platos de comida casera, hoy que tuve a mis tres hijos, hoy que camine lento y me cogí de la mano de mi amado, hoy que este frío me cala hasta los huesos más torcidos, creo que he descubierto una nueva forma de estar, de contemplar y de mirar.

Algo tiene este frío o tiene la noche o tienen los que amo. Algo que llena mi alma, que me cuida y suaviza el descanso. Algo que tiene que ver con colocar los huesos en su sitio, con besar cuidadosamente, con estarse y dejarse querer, ahí no más, donde uno esté, como en este sitio, con estos ventanales y este cerro inmenso que nos deslumbra.

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