Nuestros elementos

Alguien nació para vivir en el agua. No era tan claro para mí. Solo basta estar en su elemento y lo demás, importa poco. Se mueve, da vueltas, toma aire y vuelve. Sale de rato en rato y levanta el dedo pulgar para mí. Casi no recuerdo cuándo aprendí a nadar. Sé que la piscina era el lugar de mis encantos. Sé que la playa me devolvía el viento grabado de la infancia. Sé que entrar al mar, cada vez que lo hago, me devuelve el respiro que falta, la emoción.

Así, entonces, pienso que el agua es lo que nos une hasta el infinito, siento que su conexión es mucho más natural e instintiva que la mía. Igual, es el agua el elemento de cada tarde de juegos que se cierra o de cada tarde de parque que se acaba. Es el agua del baño nocturno el que nos prepara para dormir.

También conozco alguien que nació llena de luz. Hasta su cabecita brillaba con tonos entre rojizos y anaranjados cuando nació. Le dijeron ‘gringa’ y no pude dejar de reír. Mi niña es toda hecha de sol. Ella tiene en la fotografía y la imagen un componente ideal. Debe ser por eso que la llamé ‘solcito’ desde pequeña. La luz y ella son una combinación, la luz y ella se sostienen. Ahora que entro a su habitación y el sol cae en mi rostro, me doy cuenta de que la hamaca o la silla colgante son necesarias en ese espacio. Ojalá, pienso, pueda colocarle una.

También creo que cuando nos muestra lo que hace con la cámara, el registro y los ángulos de sus historias son conmovedores. Un día nos terminaremos de contar los sueños. Un día.

Para el mayor ha sido la palabra y por tanto la tierra su elemento. Fue campista desde chico, investigador y caminante errante. Los descubrimientos en las playas, los fósiles o los restos de ‘algo’ eran motivo de preguntas o de construcciones de hipótesis interminables. Para él los sonidos de las palabras, la música combinada con las letras, las canciones han sido fundamentales en su crecimiento también. Registraba muy bien las primeras palabras de su hermana. Ha hecho notar cómo se organizaban las primeras construcciones verbales de su hermano. Es bueno tener en la palabra toda la confianza. A mí me impactan sus investigaciones sobre lenguas y ‘palabras’ otra vez, o sobre sonidos y cuentos.

Él tiene que contar una historia, siempre, sabe que lo que nos explica es muy bien recibido. Se ha convertido en una palabra sin discusión para su hermano menor. Él es el que sabe cómo jugar esto o cómo decir lo otro.

Por último, está la música como elemento principal de mi compañero del alma. Es su secreto y silencio. Son las canciones o las composiciones las que le devuelven la pasión o lo hacen soñar como nada. Es hacerme escuchar, y hacerme conocer y lograr que vibre con lo mismo, lo que se propuso desde el día que nos conocimos. La música en él tiene tonos y argumentos. A veces, le molesta que le pida el volumen un poco bajo o que le pida una música para unos momentos y una música para otros. Sé que le molesta y trata de adecuarse, trata, porque le gusta hacerse querer, porque le gusta convencernos y sintonizar con cada uno.

Los elementos nos ayudan en este camino. Ayudan a consolidar nuestros vínculos, nuestras tardes y noches. Cada uno está libre en su territorio. Desde lejos, no he querido invadir ningún espacio y me dispongo a mirarlos desde lejos siempre.

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