segunda semana

Alguien me dijo que ya no iba a sufrir de nostalgia jamás. Imposible. Hoy tuvimos -14 y en realidad, debíamos estar súper felices, pero el viento no nos permitió todavía sentirnos del todo alegres con esa temperatura. He descubierto que estoy pensando cada vez más rápido en ambos idiomas, he descubierto también que tengo una fascinación por las personas mayores, disfruto sus historias y veo con mucha comodidad cómo en este lugar la vida de la gente adulta es cómoda y apacible. También es triste. No es que la vejez no venga con su cuota de tristeza. Una mujer vendió su enorme casa-tierra-granja para mudarse a la ciudad y vivir en un ‘condominio’ en el que viven solo personas mayores de 50. En ese mismo condominio vive su hermano menor (ella en el cuarto piso, él en el segundo). Uno de los únicos dos hermanos que tiene vivos. Ella tomó esa decisión porque tiene a su querido esposo internado en un ‘albergue’, atendido por gentiles enfermeras y algunas monjas, ya que sufre de alzheimer. Este hospital o residencia queda a una cuadra del condominio. Ella vino a vivir a la ciudad para visitar diariamente a su esposo. Le lleva lo que cocina o alguna galleta que él pudiera extrañar. Me dice: casi no come, solo come helado, eso sí. Otra historia. El sábado pasado visité a los padres de mi nueva amiga. Ellos también viven en una residencia. Ellos también dejaron su casa para vivir allí. Hay otras personas con ellos y no se sienten tan solos- me dice ella. Lo cierto es que encontré a una señora extremadamente dulce y a un señor con un afán de gruñir que podría ser divertido. Pensé: qué dura esta vejez. Él quiso cantarme una canción. Apenas comenzó me di cuenta que era “My favorite things” de The sound of music. La verdad es que no entendí mucho la letra, estaba toda cambiada…era una queja a todo lo que ahora NO podía hacer, era la mención de lo que hacía antes pero que ahora inevitablemente había dejado de hacer. Cuando salimos le dije a mi nueva amiga que me resultaba muy dura esa situación. Le dije que entendía, que el sitio buscaba tener a estos ‘abuelitos y abuelitas’ atendidos. Le conté que en mi país esos lugares eran muy tristes, muchos eran pobres y mal atendidos. Le conté que una vez fui a uno en La Molina y la primera sensación que tuve fue la de hacinamiento. Cómo explicar el pequeño departamento en esa residencia: un Kitchenette, un baño, un balcón, la habitación principal y la sala de estar. Cuando es hora de almorzar, todos van al comedor, cuando es hora del ‘supper’, lo mismo. Ellos pueden tener una mascota y tienen una perrita que se llama Lola. Por esa mascota, la dulce señora sale de la residencia cuatro veces al día y la pasea por los alrededores. Es inevitable pensar en el espacio, inevitable pensar en las distancias entre mi país y este. Las diferencias en materia de salud pública, salud mental son gigantes. Pensé hace unos días, debería dedicarme a esto: trabajar con ancianos. También pensé: lloraría mucho más. Casi como lo he hecho esta semana, sobre todo, porque no era cierto lo de no sentir nostalgia. Lo que más extraño (hoy me lo preguntaron), es a la gente. Y es que es cierta la calidez, muy cierta, pero uno extraña su casa, los olores de su cocina, la tersura de una piel cercana, el abrigo de una madre envejecida, la ternura de los hijos-que intento captar cada día-el amor del enamorado-novio-esposo. Uno quiere llegar y tener a quién abrazar. Nosotros somos de tocar, esa es nuestra esencia. Es tan visible acá. Por lo menos yo, en este mundo soy de dar el abrazo, dar el beso. Por este lado del mundo, se tocan poco (a no ser que sean novios). Y entonces surge la nostalgia enorme y gigantesca. Surge para decirme que están bien mis sentidos, que sé contar las horas y los minutos. Que regresar a Lima tomará desde mañana siete días, que durante el sábado entero contaré cada segundo, que regresar a Lima lo es todo. Quién sabe, cuando tenga 65 dónde quiera estar, espero tener un lugar al que lleguen todos, un lugar abrigadito, lleno de detalles como lo tiene esta última abuelita, lleno de su historia y de su estilo. Eso espero.

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