Casa samborjina

La casa de mis sueños

o la que se repite en mis sueños

es la misma vieja casa samborjina

La escalera negra

limpia      fría y oscura.

 

La misma que te llevaba al techo

la misma que me ocultó

mil veces

para jugar o para llorar.

El garaje

las piedritas por las que rodé

Niña inquieta     traviesa     trepada en bicicleta

curioso recordar poco la televisión

no me atrapaba -entonces-

 

Hoy desperté con las maracuyás

al borde de mi ventana

con las orugas verdes y peludas

con las mariposas anaranjadas

con el verano de mi niñez.

 

Y es que fui niña una vez.

Y tuve una larga infancia.

Y gocé con cada borde de esa casa.

 

Hubieras jugado como yo

entendido que el jardín

muchas veces

era más que un parque

era el lugar del relato y la aventura.

 

Hoy no pude dormir de tu pena

de extrañar, de sentirte solo

Y yo sin poder cubrir los espacios

Descubiertos y ausentes.

Eres el menor -te dije-

(vaya coincidencia)

y solo atiné a abrazarte.

Ya tendremos el tiempo

del jardín y la escalera

-por mientras-

cuéntame siempre mi amor

siempre.

 

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