Mi mejor amigo

 

¿Qué entiendes tú por amistad? – me preguntaste…

Mis amigos no son una extensión de mi familia. Algunos hasta construyen ideas como que son ‘la familia que elegiste’. Yo soy feliz con mi familia, con todas sus rarezas y curiosidades infinitas. La idea que siempre he tenido sobre los amigos es que sean una novedad en mi vida, que traigan con sus vidas historias que me alimenten y que yo pueda acompañar. Tuve amigas increíbles desde muy chiquita. Amigas con las que hacía ‘mataperradas’, malacrianzas y me divertía mucho. Hice clubes con amigas muy confrontacionales, que no tenían el perfil que les gustaba a mis monjitas, esos clubes o grupos se fueron diluyendo, me fui quedando con una amiga que me contó historias, me leía cuentos o me los regalaba. Ella es mi amiga hasta ahora. No la veo nunca, vive en otro país, ahora está cerca de mi hija y la cuida como si fuera yo (cuando la ve).

Tuve otras amigas en la universidad. Todas viven fuera ahora: M, R y Ch. Nos escribimos por los cumpleaños, nos recordamos en algunas fotos o con alguna historia. Nos queremos entrañablemente, aunque no estemos cerca a diario. Una de ellas ha estado muy al tanto de mi hijo mayor y hasta le prestó su casa unos días. Recuerdo la voz de cada una, sus gestos y amabilidad. Recuerdo a sus familias con mucha emoción…si pudiera saltar los charcos que nos separan, iría a tomarme un té o una cerveza para calmar la nostalgia.

Otra es la historia de mis amigos. Ellos viven en Lima o cerca de aquí. Nos vemos poco o menos. Nos han distanciado muchas razones. Los encuentros, cuando se dan, están llenos de risas y de memoria. No tengo muchos amigos varones, es cierto. Los pocos que he hecho, en este largo camino ya, son buenas personas y generalmente se han portado bien como padres o esposos…

He hecho otras amigas y amigos por mi trabajo. Lo he explicado más de una vez. La escuela me ha reunido con grandes mujeres y otros hombres buenos. Me ha dado la oportunidad de compartir formas de pensar y de querer, de afrontar la vida, de fortalecer los lazos, de prepararse para ser mejor… he hecho amistades de otras latitudes y que me hacen reconocer a otras como yo, de otros lugares y distantes territorios. He hecho viajes con amigos vecinos con los que, descubrir la altura y los paisajes, cura el soroche. Con mis vecinos, un café con la pata tiesa, fue el mejor de los regalos. He hecho paseos con ‘compadres’ que la vida nos ha puesto cerca y nos ha abrigado. Entonces uno descubre que los amigos están a la mano… cerquita, y así, sigo contando.

Lo cierto es que yo no persigo a mis amigos o amigas, no los canso ni los busco mucho. No planeo muchas actividades, ni lleno mi agenda de compromisos… soy floja en eso, lo reconozco. O pienso, trabajan tanto como yo, que, descansar es una prioridad, dormir otra y estar con quien aman, también. No soy pues la persona más sociable que conozcas. No hablo mucho, observo y callo más de las veces. Tampoco me quedo con las discusiones o disgustos si alguna vez los tuve. No los guardo, no los recreo ni los pienso tanto. Entiendo que el tiempo, el gran aliado, sana los corazones y nos hace aprender de las diferencias. Eso, sobre todo. Entiendo que esta es una sola vida y que, por eso, tenemos que cuidarnos.

No todos son como tú…y quizás por eso yo sigo contigo…porque eres diametralmente distinto a lo que yo soy.

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