Los cuentos y tú

Hoy recordé un libro de color morado que tenía unos cuentos tradicionales que leímos juntas en una buena temporada de tu infancia. Era pesado, nos acomodábamos en tu cama y con las justas entrábamos las dos y el libro. Con tu hermano leímos juntos muchos cuentos también. Rápidamente me pidió otras historias y tú, libros de relatos mágicos. Los cuentos y ustedes han sido parte importante de mi vida. La mitad, yo creo.

Ahora que toca educar al menor, cada vez que leemos juntos nos disponemos a escuchar, a relajar el cuerpo, a encender la lamparita para acompañar la voz. Ahora que toca, los cuentos de Gulubú resultan sus favoritos y las canciones que se relacionan con ellos más aún. A veces, hay que distender músculos y una masajeadita antes de la lectura es una buena acción. Todo esto porque descubrí un libro maravilloso…de Bruno Bettleheim, Psicoanálisis del cuento de hadas. Tanto que se aprende con los cuentos.

“Los cuentos de hadas, a diferencia de cualquier otra forma de literatura, llevan al niño a descubrir su identidad y vocación, sugiriéndole, también, qué experiencias necesita para desarrollar su carácter. Estas historias insinúan que existe una vida buena y gratificadora al alcance de cada uno, a pesar de las adversidades; pero sólo si uno no se aparta de las peligrosas luchas, sin las cuales no se consigue nunca la verdadera identidad. Estos cuentos prometen al niño que, si se atreve a entregarse a esta temible y abrumadora búsqueda, fuerzas benévolas acudirán en su ayuda y vencerá. Las historias advierten, también, que aquellos que son demasiado temerosos y apocados para arriesgarse a encontrarse a sí mismos deben permanecer en una monótona existencia; si es que no les está reservado un destino peor.”[i][1]

Eso de ser valientes y de enfrentarse a los retos de esta vida o de animarse a encontrarse a sí mismos y no amedrentarse frente a dragones, brujos o cualquier otra forma misteriosa y mágica es parte de esas lecturas. Poco a poco los hijos han ido encontrando las figuras más emblemáticas o los puertos en los que mejor se recostaban para imaginar. El más pequeño se queda pensando en Pulgarcito y cómo puede ser alguien tan pequeñito, tan valiente. O cómo tiene un oído tan fino y delicado que puede oír los susurros de sus padres angustiados en mitad de la noche…y cómo pueden abandonar a los hijos esos papás…y cómo sabe encontrar el camino de regreso…cómo es de importante tener qué comer y saber algún oficio…y mil preguntas.

Hoy pensaba en tus cuentos de nuevo. Desde muy chiquita contabas, narrabas historias interminables, construías diálogos poderosos, yo podía escucharte horas y luego al cerrar los ojos te seguía escuchando. Hoy, que la tecnología nos permite tanto, me encanta cuando envías tus audios. Los escucho y vuelvo a escuchar. La entonación, el ánimo y la risa, todo junto hacen del relato lo más curioso y ameno. Pensaba en qué irá a ser de mis libros ahora que soy una furiosa recicladora y ya he decidido hacer compost para mi cumpleaños. Pensé que tal vez solo debíamos guardar los libros de cuentos…y es que son tantos. Y hemos enviado una cantidad a unas bibliotecas de niños… ¿y si termino una vez haciendo mi ludoteca?… con tantos juegos de mesa y las ganas de recostarse sobre cojines o sillones para contar… tanto pensar y no moverme de mi sitio. Está bien. Todavía estoy en edad de producir y de ‘laburar’…pero debo preparar el plan del retiro y de la independencia…yo mujer ‘independiente’ (larga digresión)

Luego he pensado, ¿y qué tendrán que hacer los cuentos de hadas contigo, ahora? Mucho-me repito-son los colores de tus fotos y la emoción de tus películas, son las luces que cuelgas para que brillen en la noche y acomodas cerca de tu cama. Pienso, cuánto nos han salvado las historias, cuánto, cada vez que las necesitamos volvemos a ellas. Y entonces, el animal fantástico que inventaba Borges nos salva o los caminos enredados del jardín de senderos, también. Los cuentos de hadas y tú han sido mi esperanza. Creo que siempre volveré y me sentaré a tu lado para que el frío no nos haga doler el cuerpo. Regresaré a tu lado, o en realidad, nunca me he ido, estoy ahí, sentadita, escuchando atenta todo, grabándome la última hazaña con la cámara o el remolque que cargabas para la escena. Estoy expectante, ansiosa y preparada para escuchar las nuevas recetas que has aprendido y cómo se organizarán tú y tus amigos para celebrar este fin de semana en que se cerrarán las patronales por el doce de setiembre. Y así mi niña se ha hecho una guerrera, trepada en un dragón, con una trenza larga domina los cielos. Esta vez ella es la protagonista, el papel principal.

[1]Bettleheim(1994) Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Recuperado de http://www.heortiz.net/ampag/mitos/bettelheim-pa_cuentos_de_hadas.pdf

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