Suerte

Suerte estar en París

hace unos años corría tras tus pasos

luego iba hacia el mar tras tu hermana

y luego me enredaba en carreras con tu hermanito

(la práctica perdida-me decía)

suerte estar a tu lado a estas horas

y quererte desde el primer día

(cuando amanecía entre mis pechos)

Suerte mirar a través de un lente,

de una postal, de una flor,

hoy que cambia el clima en Lima

hoy, qué suerte.

 

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volantines

Si pudiera volar hacia donde tú estás

si pudiera

me reiría de tus gestos

Me daría volantines en el pasto

Treparía los últimos árboles

Correría calles enteras

Si pudiera

Esperar el invierno en esta ciudad de esteras

Esperar que pase luego el frío

Llegue el sol y con él, Tú

Tu risa

Tus enormes palabras

La certeza de tus historias

Si pudiera

Me queda esta respiración ronca

Los dedos entumecidos

La tos de la madrugada

La tristeza de mis ojos

Cuánto ha de pasar

Cuánto…

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del amor y otros demonios

(dejé de escribir mucho tiempo)

Algo me pasa. Algo que no tiene que ver con las cuentas, ni con los gastos, ni con los pendientes. Algo que se me ha estacionado en el cuerpo y no se quiere ir, que me ocupa y me agota. De pronto el llanto, como si la niña que llora acurrucada en su almohada volviera a aparecerse y me dijera que mi tigre está ahí (Yo tenía un tigre). Mi tigre era hermoso, tenía franjas anaranjadas y negras. Era pequeño, lo ponía debajo de mi brazo y dormíamos. Sin embargo, estos días, que tengo la vida encima, no sé qué me pasa. Será la edad, que a veces ni me ha importado y ahora comienza a retumbar, los rastros en mi piel, las arrugas y las líneas del cuello. Serán los hijos que quisiera tener como pollitos debajo de mis faldas y se me escapan todo el tiempo. Será que me cuestiono qué estoy haciendo bien ¿mi trabajo? ¿alguna receta? ¿escoger los muebles que quisiera en la sala-comedor? Será mi trabajo que últimamente me ha robado la vida y los sueños.

Y es algo que me tuerce, que me enferma, me tumba en la cama y solo quiero quedarme con alguna novela y no pensar. Salir a caminar con mi madre y pasearnos del brazo por el mercado cercano, comprar alguna cosita para coser o arreglar, alguna fruta que nos haga brillar los ojos. Mi madre, mi madre está mayor (decimos eso por no decir ‘vieja’ y está viejita). Se pasea por las calles, pregunta, se ríe, camina, se desorienta a veces porque no recuerda bien por dónde andamos, le recuerdas la ruta y entonces asegura saber, decir, hacer…será eso que me cuece el estómago. No sabré que seré sin ella.

Y si pienso en mis hijos, ¿ellos sí sabrán? ¿qué pasará si me pierdo y desaparezco? ¿qué harán de sus vidas? ¿cómo curarse sin decirme? ¿qué será de las cuentas, los seguros y el departamento que construimos para ellos? Y qué va a ser de mi pequeño, y cómo dormirá sin despertar a mi lado, cómo dormiré yo en paz, cómo sin sus risas y sus voces, cómo sin soñar irnos juntos a algún sitio donde el mar me sane y me vierta. Será que en estos últimos meses no he sabido qué ruta tomar, cómo dirigir la mirada, dónde descansar. Será que como estuvo tanto miedo rondándome, me adormecí.

Mis hijos. Pasaron dos semanas en las que recuperé el olor de tu pelo, en que hicimos casi todo juntas y supe que podía contar contigo y tú, conmigo. Hoy que todos saludan y esparcen hermosos mensajes sobre la amistad y el amor, me río de pensar cuánto he amado, cuánta vida, cuánto camino. Hoy que he vuelto a tomar el teclado, que me ha dado valor tu voz de mañanita o el pleito con el pequeño más temprano aún, hoy que la piña me pareció más dulce que nunca y que mi amor me abrazó contra su pecho y sacó a nuestra cachorra muy de mañana. Hoy que casi hierve le sol y uno no puede andar por debajo de él. Hoy que he vuelto a escribir sobre lo que me pasa, algo como una espina atracada y que solo las caricias y el amor han podido sacar y aliviar. Hoy que me has vuelto a prometer que ya no te portarás así (mi chiquillo), que me has contado cuántas cuestas has tenido que caminar o que imagino tu rostro reflejado en la lluvia de esa ciudad.

Solo hoy tomaré una siesta y volveré a despertar con la mirada de cada uno, con ustedes cuatro en cada esquina de mi corazón, con la certeza de querer despertar todavía, de hacerle la lucha a esto, que no hay forma de evitarlo.

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Fiesta patronal

Notas sobre unas fotos, a propósito de tu día o de nuestra fiesta patronal.
La primera foto de la esquina superior derecha, tú y yo resueltas, en la orilla, descansando frente al mar, era la playa San Bartolo a la que te lanzabas como ‘Pedro por su casa’, había que corretearte, y sacar una foto, donde tú descansaras era un éxito.
Tengo pocas fotos de mi pancita llamada Ale. Ese día usaba un jamper a cuadros y tenía una blusa amarilla. Estaba saliendo de licencia para tenerte. Esa foto me recuerda a unas monjitas dulces y a unas amigas que guardo en el corazón por siempre.
La foto del primer año, vestido tejido a punto-color melón. Mi niñita hermosa, te divertiste tanto. Recuerdo que preparamos todo con tanto cariño, que la mesa de mi mamá estaba llena de cositas ricas, alfajores, merenguitos, blondas y Minnies…luego vendrían los brownies y las fresas…
La otra foto es la del tercer cumpleaños. Nótese peluche de perrito en la mano derecha, siempre un perrito…o algo parecido. La torta de chocolate de tu abuela. Tú lista a apagar las velitas y a que te abracen los abuelos…
La última y que ocupa más espacio es justo una foto que recuerda las vinchas que te ponías para que no salten los rulitos que asomaban por la cicatriz que tenías en la cabecita…esos años nos fundieron como nada. Sabía que yo no iba a ser la misma y que tú asumirías la lección con valentía.
Veintiséis años que son parte de mi vida y parte muy importante de la tuya. Esta vez nos toca estar a miles de metros de distancia, no podré echarme a tu costado y abrazarte…ya lo tengo asimilado…y como te dije, estás donde debes estar haciendo lo que tanto te gusta… TANTO… yo, a este lado, estaré feliz por ti cantando.
FELIZ CUMPLEAÑOS AMOR MÍO

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Pata de palo

Decías será por algo esta calma…sinsabor amargo y desesperante…decías descansa y yo trataba de acomodar este cuerpo y el peso de esta pierna estirada y tiesa. Decías ten paciencia, todo pasará rápido, sin que te des cuenta. Me contabas de los últimos descubrimientos culinarios, yo pensaba que estabas feliz y grande. Contabas del trabajo, de las hazañas que veías con la cámara y de lo que te gustaba lo que hacías. Escuchaba tu voz redondita, clara como si a mi costado me estuvieras hablando. Quise decirte y no lo hice para no entristecerte. Estás bien donde estás, haciendo lo que haces. Aquí no podrás hacer lo mismo, no ahora. Nos estamos asfixiando con tanta mierda alrededor. No sabes el abatimiento por la situación política, por las autoridades. No sabes la cantidad de manifiestos y carteles. Lo que cuesta revisar las redes sociales por las denuncias e injusticias. Será que esto cambiará un día y tendremos otra cara, un país o una ciudad diferente.

La pierna me incomodaba tanto. Moverla, arrastrarla por la cama, cargarla por si necesitaba el baño. La pierna, como si estuviera fuera de mi cuerpo, me perturbaba. Te dije, lo peor son las noches. No hay una posición para dormir, nada me convence para cerrar los ojos. Entonces, duermo de rato en rato, en cada momento. Por la noche, cual búho, miro cómo duerme él, escucho si empieza a agitar su respiración o si un ronquido lo despierta. Últimamente, duerme. Antes me decía, tú duermes tan bonito, lindo ver tu cara al dormir. La cintura también me molesta. Me pregunto qué aguanta mi cuerpo a estas horas que todo fastidia, el leve roce, la cama tibia, los almohadones. Yo nací para estar corriendo…la primera broma fue que me sentía ‘como conejo en jaula’. Tú que andas de un lado a otro me dijeron, es raro no moverse, rara la quietud y el peso excesivo de una parte de mi cuerpo. Y piensas, entonces cuánto entender más todavía a aquellos que nunca se pueden mover solos. A los que tienen que mover una silla de ruedas, a los que se apoyan en un bastón, a los que perdieron una extremidad y quedaron resignados a su suerte. Cuánta vanidad, pienso. Yo volveré a caminar y a correr-eso creo. Volveré a despertarme a las 5:00 y caminaré a mi baño en puntitas para no despertar.

Será esta una imagen de mi vejez. Yo quieta con un andador para movilizarme. Mamá no seas sonsa, decías. Ya pasará y nos volveremos a echar en la playa a tomar el sol mientras tu hermano corre y nos salpica arena. Cuánto ha pasado te dije, cómo está él, preguntas, grande, se sigue apareciendo a las 4:30 o 5:00 de la mañana, busca abrigarse y que lo abraces, practica multiplicaciones, se escabulle para no revisar la tarea, me hace llamarlo a gritos y luego me pide perdón por lo que hace. Crece a diario, te extraña y pregunta por ti. Pienso, tira todo, coge a tus hijos, y vete a darles el encuentro. Como si fuera tan fácil, coge todo y tu pierna-corrijo- dales el encuentro. Algún día, pienso en silencio. Pronto, ten calma. Sanará ese huesito, decías. Descansa mami.

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saliva y yeso

 

A esta hora la línea de los cerros y la neblina juguetean. Desde este ángulo he visto en los últimos seis días las combinaciones de grises, plomos, oros y platas en varias horas de la mañana. Es más, los dos días que acaban de pasar fueron de brillante resolana, sol tímido que no abrigaba aunque sí llenaba de brillo la mañana y el parque. Desde este ángulo-vuelvo a pensar- los cuentos que he releído me han contado de nuevo las mismas historias de mi ciudad. No esta que veo desde aquí, con un parque ordenado y limpio. Con las calles que orquestan, junto a los automóviles, una vida próspera. La de los cuentos pertenece a una zona que no conocen mis muchachos y muchachas y que les va a costar mucho esfuerzo imaginar. Hoy comentaba que tal vez algunos referentes queden intactos entre los estudiantes universitarios del oeste de Lima… las menciones al centro de la ciudad, los bares, el Cordano, barrios como Lince y Jesús María. Algunos. Otros sonaran distantes hasta para ellos. De todas maneras, poco ha cambiado, poco, sobre todo la pobredumbre sobre la que vivimos. La suciedad de la que estamos hechos y está reforzada en los personajes públicos, en el orden judicial, en la policía… y más la prepotencia de los que tienen frente a los que no, del maltrato frente a los trabajadores de servicios, del fuerte frente al débil.

Comenté hace un par de días, ¿algún día será diferente nuestro país?. Tantas ganas de sacarlo de esta mugre no alcanza. Es demasiada la muerte.

[Y yo con la ‘pata tiesa’ postrada en las sillas de mi cuarto o en la cama. Miro desde este ángulo un poco más el cielo, las palmeras cercanas. Escucho el ruido de motores que se cruza con el canto dispar de pájaros impertinentes. No poder caminar o no apoyar el pie es de locos. Arrastrar el pie para ir al baño (felizmente está cerca), hacerse lavados diarios con toallitas húmedas o esponjas tibias. Lavarse el pelo cada dos días. Sentir cómo pesa la pierna y pensar tres semanas faltan, respira hondo, lento, muy lento.]

Luego volver a enterarse sobre lo que pasa, los desaparecidos de Accomarca injustamente acusados que no tienen descanso aún, los corruptos jueces y su enmarañado actuar, los pérfidos políticos de siempre con graves campañas de encubrimiento a los jueces (lean para eso columna de Gorriti sobre Del Castillo), los programas de televisión que no protegen a los menores de lo que proyectan o trasmiten, las denuncias de acoso diarias, la crueldad de sacerdotes estadounidenses- cómo será aquí, cómo, de qué tamaño en nuestros pueblos tan creyentes y sumisos- , las sórdidas campañas contra los venezolanos, la impunidad de todo y de todos los que agreden y maltratan…

Después volver a mirar el cerro. Algo hay que hacer, además de enterarse y leer, de discutir entre nosotros y poner en ‘autos’ a los menores para que también discutan y noten la gravedad de las cosas. Hay que hacer algo y pronto. Si no, estos cerros, como cuando los ‘wiracochas’ llegaban, enterrarán nuestros sueños.

Volveremos a leer : “A las seis de la mañana la ciudad se levanta de puntillas y comienza a dar sus primeros pasos. Una fina niebla disuelve el perfil de los objetos y crea como una atmósfera encantada…” JRR, Los gallinazos sin plumas [De todo lo descubierto estos días, además de la imposibilidad de caminar, me queda un sabor amargo en la boca. El dolor de muchos hermanos que no vemos que ni siquiera conocemos, ese sabor se queda y permanece entre mi yeso y mi saliva. Queda la familia que acompaña, que carga cuando es necesario, la señora que fielmente nos ayuda en casa, los que trabajan cerca y vienen con risas y cuentos. Queda la ventana, la línea dibujada, el silencio de la lectura.]

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Barcelona

¡Cómo son de extrañas estas horas mi amor!

Hoy que no tengo el olor de tu cabello cerca, que no toco tus manitas chiquitas y no nos echamos un poco de crema para suavizar las asperezas. Hoy que uso un vestido tuyo, uno de ‘bruja’ que no te gustó mucho y que a mí me recuerda tu risa y por eso lo llevo puesto. Hoy que veo una foto de tu cabeza apoyada a un lente, todo tu cuerpo dispuesto a ver a través de la cámara, con una chompa azul inmensa y tu cuello blanco, casi rosado y limpio. No dejo de mirar la foto, de entretenerme con el color de tus rizos, de pensar que tu desayuno haya estado bueno, que tu estómago esté bien, que tu piel siga sana y que duermas como siempre, acurrucada, dispuesta.

¡Cómo son estas horas de largas!

Sueño con volar a tu lado un ratito, para llenarte de besos y ver si tu ropa está limpia. Sueño con tenerte en los brazos un ratito y mecerte como si fueras, la bebé dulce, que me regaló esta vida.

Me despierta la hora, el trajín, la tarea.

Me despierta pensar en tu trabajo también, en sabernos hacendosas y productivas. Siempre tendrás trabajo, mi niña, siempre. Ya no me preocupa qué va a ser de ti, no me preocupa porque veo en ti la lucha constante, la laboriosidad necesaria para seguir en batalla. Me despierta, el goce.

Sé del goce por ti, porque disfrutas lo que haces, porque sabes que disfruto (a pesar de los reniegos) de mis charlas con los alumnos y alumnas. Sé del goce por ti, por tu risa y por tus historias…solo tu voz me despierta a estas horas largas. Solo tu voz y los recuerdos de nuestras charlas. Hace mucho que no logramos vernos por esa cámara pequeñita de estos celulares, hace varias noches que mi cuello se levanta torcido y rígido y respiro, me estiro y practico un poco de yoga para aliviar, para sanar.

Solo el goce me llevará a tu lado. Solo saberte bien y contenta. Caminar contigo, comprarnos uno de esos churros que mostraste en una foto o ir a una de las ferias juntas y ver, ver y ver y escucharte relatar la vida cómo solo tú lo haces. Además, está el contarte de Leita (como tú le dices y yo aprendí a usar), contarte que maneja mejor sus tiempos, camina mucho y hace sus excretas casi todos los días fuera. Contarte de cómo nos queremos y cómo me acompaña. Decirte que mira desde la puerta tu cuarto e intenta recordar (imagino yo). Que cuando escucha tu voz se da vueltas emocionada o busca dónde encontrarte. Decirte que su piel está bien y que cumplimos con las anotaciones en el calendario.

Me despierta la hora, el trajín y la tarea (lo sabes).

Me despierta pensar en Barcelona, tu nuevo territorio, tu goce ahora. Pensarte cada día y detener un poquito el tiempo en mi corazón para alcanzarte.

Que sea buena esta tarde, y la noche mejor.

Largas horas hasta encontrarnos mi amor.

 

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