Que te cuides

 

Cuando te digo ‘que te cuides’

es para que te coloques una bufanda en el cuello,

es para que no salgas con el pelo mojado,

es para que él sea bueno y amable contigo

es para que no te haga esperar, sino que espere un poco por ti.

 

Cuando te digo que te cuides, te digo: quédate conmigo

Un día, unas horas, un poquito de este invierno.

Luego ya te habrás ido y a mí me quedará poco.

Casi como le queda a mi madre:

Como le quedan algunos recuerdos,

O algunos sueños,

O como recuerda algunos poemas.

 

Otro día que te diga que te cuides y zarpes en ese viaje

recuerda que a este lado quedaré sin tus manos

sin esos brazos fuertes, que ajustan cámaras y señalan puertos.

Recuerda que a este lado estaré de viaje también,

contaré a algunos alumnos rumbo al norte,

caminaré algo dormida cuando toque vigilancia

cantaré en silencio, tendré también la voz sonora.

Me vestiré de madrugada para volver,

p a r a  v o l v e r ,

desde esa noche en pleno frío serrano,

por mí solo pasaba la misma idea:

v o l v e r  a  c a s a (donde sea)

contar los pasos, sentir tus brazos, acomodar mi espalda, escuchar las voces,

dormir.

Que te cuides

Es también del sol, aunque no creo,

Sabes que estás hecha de esa esencia…

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Feliz cumpleaños hermoso

Hoy preparé café muy temprano. Me puse a molerlo, a disfrutar de su aroma y lo coloqué en la cafeterita nuestra, la que usábamos cuando aún vivías con nosotros. Pensé desde muy temprano en ti. Recordé el largo parto, los apuros, la sabanita blanca de tu cuna llevada por tu padre en un día de toque de queda. Luego recordé que hace unos días tu hermanito me había dicho que tú y tu hermana tenían unos nombres ‘hermosos’…recordé tu relación con el lenguaje desde pequeño, tus lecturas, tus primeros textos. Han pasado treinta años desde esa madrugada y todavía en mi piel retumban tus primeros gestos. Fui una madre complicada y joven. Enredada entre pañales y poemas. Nadie me podía separar de tus ojos y a la vez corría a dejarte en la guardería cercana para ir a mis clases. Solo tú me podías dar esas ganas y esa fuerza para sacarme de encima el sueño, la mala noche o el hambre.

Ayer te vi fraterno y entregado a tu tarea de lingüista e investigador. Tuve la impresión de que presenciaba desde lejos una escena que había vivido ya. Mi pequeño gigante comentaba la emoción de reconstruir la vida de un gran maestro bora. No ocultabas la emoción, no dejabas de traslucir el significado de tan hermoso hecho. Solo los que estamos en aulas podríamos entender, de corazón, lo que pasó ese muchachito cuando no podía decir en español lo que sí sabía en bora. Increíble paso el que han dado tú y los colegas que te acompañaron. Yo estaba extasiada y sostuve al lado la mano de tu hermanito, vi cómo tu hermana fotografiaba cada instante. Lindo celebrar antes de los treinta, un poco de labor, un poco de la tarea que haces a diario.

Hoy preparé café muy temprano.

Sin dudas el sabor de ese café puneño me supo a cielo.

Nada más mi Andrés Napurí. Nada más porque las palabras se me traban a esta hora, porque soy muy feliz hoy, porque ya no tengo cómo devolver todo lo que me dan tu amor y el de tus hermanos…es como si me cargaran, como si flotara ya, y esparcida me quedara para siempre con ustedes. Feliz cumpleaños hermoso.

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para entrenar a mi corazón

 

Cuando era una chiquilla, soñé con tener varios hijos. En realidad, mis juegos de niña, esos de cargar con mis muñecas para un lado y para otro, de hacerles cuadernitos con papeles doblados y con ejercicios de matemáticas en cada uno, me hacía soñar con varios hijitos a los que querer. Después me di cuenta que fuimos muchos en casa y que nos disputábamos el amor materno, como hacen las crías de los animales que más nos pueden gustar. Recuerdo la firmeza de las palabras de mi madre. De hecho, tuvimos miedo más de una vez, porque verla molesta era tremebundo (cual Mafalda dixit).

De todas formas, estos días me recordaron mi fascinación por los niños. Mi temor ante el primer embarazo. No podía equivocarme, tenía que hacer las cosas bien. ¿Cómo hace una madre a los diecinueve años con sus miedos? ¿Se los guarda, los esconde, los tira al tacho cuando se angustia demasiado? Yo viví lejos de mi madre ese tiempo… no es que me haya ido de Lima, absurdamente, mantuve una distancia de pura soberbia, con la idea de ’yo lo puedo hacer sola’. Sirvió, creo, para valorar, todo lo que ella me había enseñado de chica. Qué era una panela o cómo preparar un estofado, qué hacer con los secadores percudidos. Recuerdo, de chica, cuando ella estaba haciendo algo en la cocina, entraba a robarle verduras. Me las llevaba al jardín y preparaba en mi cocinita de fierro un plato parecido para mis muñecas sentaditas en fila. Me gustaba robarme un poco de vainitas o zanahoria, con la intención de cortarlas y que queden bien puestas en los platos de plástico.

Recuerdo con ilusión esos juegos y también que algunas veces me trepaba a los árboles y otras, que me reventaba las rodillas. Mi madre nunca prohibió mis carreras o mis intrépidos saltos en bicicleta. La vez que fracturé mi codo en el colegio, fue ella la que me dio el encuentro en la Clínica. Fue ella quién me acompañó los días de verano a la rehabilitación. Ella, quien, llevaba un libro siempre o la revista Selecciones en la cartera. Fue ella la que se emocionaba cuando alguien comentaba que nuestro parecido era inaudito, que ‘habíamos sido dibujadas con el mismo pincel’ como nos dijo una vez un viejito.

Hoy también he pensado: Hay que morir para que los hijos hagan lo que siempre han querido… estos días he pensado con pasión en esto. He visto cómo busqué después de que mi papá falleció salir de su casa y mudarnos a un sitio ‘nuestro’. No tuve valor antes. Había algo que me sostenía y me tenía atada a la higuera de mi madre. Y es que había estado tan cómoda por un buen tiempo, había vuelto a su regazo, había estado por varios años (casi diez seguidos) a la hora del café con ella y con él, y luego cuando mi hermana regresó, y luego, cuando mis hijos se hicieron grandes, era el momento, las habitaciones quedaron chicas o los espacios se repletaron. O había eso de tener el sitio que signifique para ellos lo que la casa de mis padres significó.

Y digo, hay que morir, porque se reparten las herencias, se reparten los ahorros (si existieron) y por ahí también se reparten los afectos. Mis hijos mayores perdieron a su padre hace no mucho y hace menos, han empezado a emprender nuevos sueños, planes, alianzas con el futuro, que para mí solo significan cambios por los que debo entrenar a mi corazón. Y luego pienso, mi madre ha viajado tanto, y cada viaje es para ella una aventura, y cada historia se ha quedado grabada en su piel, y pienso debo ser como ella…cada gota que salte de mis ojos, grabarla en mi piel. Todo porque ellos logren lo que anhelan y sino, estar ahí para acariciar el rostro y sonrojar las mejillas. Entonces sus viajes siempre tendrán sentido, partir, siempre será un buen signo, hacer, también será una buena señal. Todo para entrenarme bien, para que mi corazón se aliste y sepa, que, a mi muerte, ellos todavía emprenderán nuevos rumbos… ellos, los tres ahora, los tres en sus edades diferentes y con sus características disímiles… los tres porque eso quise, mis tres hijos.

 

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Hace un mes

Lima era lo mismo, nosotros regresábamos de Pachacamac. Habíamos estado acompañando unas sesiones de fotos. Esa mañana, solo quería poder respirar. Los días de esa semana no los olvidaré en lo que viva. Vi la desesperanza en mis hijos, el derrumbe, el miedo y el dolor. Todo junto de manera violenta. En ese trance, solo rezaba por ti, quería que siguiéramos rezando y que acabara ese tormento para ti y para todos. Esto último, ahora entiendo, fue lo que te hizo descansar y decirnos, ‘suéltenme’.

Hoy estoy segura que nos atamos a los seres que amamos. Esa mañana volví a recordar la calurosa mañana de marzo en la que dejamos partir a nuestro papá. Esa mañana recordé cuánto  y cuántas veces me dijiste, ‘calma, todo pasará, mira a tal, mira cómo terminó el colegio…’ cuántas y de tantas formas… hoy he mirado los girasoles que compré para despedirnos del año, hoy me he detenido a conversar con mi chico, a ‘anticiparle’ todo: “bajamos al parque, si se ponen pesados los chicos, nos volvemos, no está Claudio, Valeria está ocupada con unas niñas, piensa, cuánto quieres quedarte”-“solo un ratito mamá”…y así fue, y nos bañamos, y curamos la tos, y jugaste con tu hermana y su novio pókemon, y te sentiste bien, enormemente bien.

Hoy, hace un mes que nos dejaste y como huerfanitos ante tu ausencia, deambulamos recogiendo flores. Hoy, también he pensado, cuánto tendré que aprender sin ti. Cuánto sobre lo que me dirías en esa o en tal situación, cuánto de tu entusiasmo lo tengo que encontrar en mí, cuánto de tu orden y fascinación por el excel, cuánto amiga y hermana. Cuánto cuidar de mi otra hermana, cuidar de mis hermanas mayores, de mi mamá, de mi hermano mayor. Cuánto sin desfallecer en los miles de intentos en los que conversábamos sobre el amor, y los caminos que encontraba para darse y aparecerse en mi vida.

Hoy, que rece con Giacomo, le pediré que miremos la luna y que Venus, la más brillante esta noche, te esté acompañando. Le diré que estarás cantando, que mañana rezaremos por tus hijas, por tus papás y hermana. Le diré que él es el niño ‘más bueno del mundo’, ‘el que tiene un corazón que le ocupa todo el pecho’, le diré que mañana que cantemos, lo haremos por ti y por nosotros…para tenerte presente.

Otra vez va a ser hoy, y otra vez se me mojará la cara de tanto llanto.

Otra vez será hoy y sentiré tu abrazo mañanero,

Qué bendición haberte tenido cerca,

Qué bendición.

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Batalla

Mañana será otro día de batalla.

Imaginar que llegaré al colegio y no nos daremos el apapacho mañanero, no asomaré mi cabezota por tu puerta, no te diré: ¿¿llegaste Virnacha?? ¿¿Estás ahí?? No te contaré la última broma de Giacomo o alguna de sus locuras…

Imaginar que esperaré diez días, un poco más, Dios sabe, tal vez un poco menos, para eso.

Imaginar que no te llamaré para algo, un dato, una pregunta, una risa…

Imaginar y tratar de no sentir…solo para sostenerte como tú lo has hecho tantas veces, como ese mediodía que me quebré y no podía del llanto, porque no la chuntábamos con mi niño, porque sólo tú me podías calmar.

Imaginar, llegar al comedor y entendernos con las miradas, acompañarnos un ratito, darme el dato del mercado, darme el dato de la fruta, guardarte tocino e hígado (si llevaba) o buscarte con un café para compartir un blondie.

Imaginar no conversar sobre la voz de Pauchi o sobre el negocio de Gab. Reírnos de los hijos grandes, de sus novios y novias, de cómo nos cuentan sobre sus amores, de cómo crecen aún a nuestro lado, porque tú y yo quisimos ser mamás muy jóvenes, una se embarazó un poco antes que la otra, una le lleva a la otra un año…a veces dos.

Cada día que tú batalles, cientos de nosotros estaremos allí: resistiendo, cargándote. Cada día nuevo que empiece, en plena lucha, se escucharán cientos de rezos, oraciones y canciones. Cada día tendrás un ejército de retaguardia.

No podrá ser de otro modo.

No podrá ser distinto.

Nada nos convencerá más que ver tu sonrisa impecable de nuevo.

Hacia allá vamos.

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el teatro, tú y yo

Me pregunto qué he apostado en esta vida si no es mi propia sangre repartida, las ganas locas de cuidar a mis hijos, las tazas de café infinito y de cariño tibio empedernido. Contigo todo lo indago, lo leo, lo investigo. Han pasado 5 semanas desde que empezamos la nueva apuesta o ya son seis. No siento que duermas mejor o quizás sí. O es tal mi cansancio que no alcanzo a saber a qué hora me abrazas y me dice, ‘mami y suspiras’.

Contigo todo ha sido diferente. Sabía que sería así, cómo iba a ser diferente.

Estas últimas semanas hemos estado más solos, más queriendo ver a tus hermanos, preguntando por ellos, por su historia, por su padre. Estas semanas, tú has querido venir todas las noches a nuestro cuarto, a la cama y cuando nos hemos quedado solo los tres, nos has dicho, ‘es la noche, toca pijamada’…y me he reído tanto de tu afán por no estar solo que he pensado nuevamente en cuánto tiempo tendré para estar contigo.

La otra tarde fuimos al teatro. Siempre he creído que tú y las artes están más que conectados. Solo entrar a la sala te hizo adoptar otra postura y un volumen muy bajito y hasta imperceptible. Le pediste agua a nuestra amiga, tomaste un poco. Todo estaba a oscuras. Me tomaste de la mano. Te dije, está comenzando, me contestaste, sí mami. Fue una delicia estar sentada a tu lado. Casi no me preguntaste, te tapaste los ojos cuando los héroes se besaron. Aplaudiste y celebraste el cajón peruano. Todo fue atención y risa. Todo fue pensar cuánto aprender de tu mano, cuánto camino por recorrer y dejar de pensar que este cuerpo es prestado, que estoy aquí y ahora y que ese es le tiempo que tengo y que importa.

Nada me da más gusto que escucharte leer o que te esfuerzas por leer una carta en la mesa de un restaurante. Nada me emociona más que tus historias contadas en tres tiempos y con las interrupciones de costumbre. Ahora, solo llego a imaginarme cada noche el día en que tú me leas un cuento y yo duerma a tu lado. Va a llegar ese día y estaré arremolinada a tu lado, como de costumbre. Porque no ha habido otro estado entre nosotros que el espacio de un cuerpo y otro, de estarse cerca para saberse bien, para sentir el cuidado y el apego.

He escuchado tanto sobre infancia en estos últimos años. Tu infancia me enorgullece. Aunque a veces diga tu papi que perdimos o que gastamos innecesariamente. Aunque a veces reniegue, tiene un bloque de oro puro en ese pecho enorme y sabe cómo ser bueno y cariñoso. Aunque se queje, él también sabe que hemos recorrido lo que debimos, que tú has tenido nuestro afán, nuestra sangre y nuestras risas…que así era lo que debía pasar.

El tiempo que se nos viene será el de verte crecer más. Quiero que seas scout como tus hermanos y buscaré el grupo que te acoja y te enseñe a aprovechar tu tiempo y habilidades. Quiero que la música siempre esté de tu lado y la voz esté marcando el paso de tus días. Quiero oírte cantar en coro, solo, en banda o grupo rockero. Quiero verte bailar y para eso espero seguir los ritmos que a veces nos inventamos. Quiero cielo, amor, luna y sol…tú sabes bien por qué o lo sabrás entonces…

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Dejemos esto en blanco.

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